Comunicación Corporativa

La segunda reinvención de la banca.

 

El sector financiero español vuelve a estar en plena mutación. Hay una fusión ya en marcha entre dos bancos grandes, y otra entre dos medianos. En las próximas semanas habrá más. Todas las entidades son conscientes de que la economía está cambiando de rasante. Ahora mismo nadie sabe qué nos vamos a encontrar más allá de marzo de 2021, pero todo el mundo coincide en que será más duro, más difícil y mucho más largo de lo que habíamos previsto.

Por eso los bancos están acelerando sus operaciones corporativas. Parece claro que cuanto antes concluyan sus fusiones, mejor preparados estarán para lo que se avecina. No se trata ni mucho menos de un movimiento darwinista ni tiene que ver con la selección natural. Se acerca mucho más al simple instinto de supervivencia, una pulsión totalmente natural en la vida de las empresas, y que, indirectamente, podría evitarnos, a los clientes y al conjunto de la sociedad, un problema tan severo como el que sufrimos tras la crisis de 2008.

Al igual que los carteros, las situaciones acostumbran a llamar dos veces. Hay una evidente simetría en que el actual proceso de fusiones bancarias se esté solapando en el tiempo con las resoluciones judiciales sobre la anterior crisis del sector. En la banca hubo entonces una forma de afrontar una severa crisis económica mundial, a la que la Justicia acaba de poner prácticamente punto final, del mismo modo que ahora existe otra forma muy distinta de afrontar la crisis debida a la pandemia. La segunda parece infinitamente más profesional, responsable y metódica que la primera, quizá porque los actuales responsables bancarios parecen responder mejor a esos tres adjetivos, y quizá también porque los reguladores y supervisores de hogaño han entendido e interiorizado a la perfección los errores de sus homólogos de antaño.

Al margen de todas esas derivadas, y aunque suene a perogrullo, los ocho años transcurridos entre crisis y crisis nos dejan dos importantes moralejas: la mejor reacción a un problema es la que se produce antes del desastre, y nada como dejar el remedio a los reguladores y a los profesionales. Es por eso que los actuales modelos para armar en las fusiones entre bancos, grandes a un lado, medianos a otro, y acaso con la novedad de algún enlace intereuropeo, suponen la mejor práctica posible para prevenir y evitar que en el sector financiero se repitan problemas del pasado.

Desde hace años circula la comparación entre prensa y banca. Han sido dos sectores fieramente analógicos, ambos con manguitos, Olivettis, mucha papelería y demasiada tinta. A los dos les ha costado digitalizarse más de lo debido. Han afrontado severos ajustes por esa falta de anticipación y, después de una década de escalada muy esforzada y casi interminable, una y otra están expuestas a que, justo en la cima, se aparezcan las cuatro grandes tecnológicas y se queden tan ricamente con sus respectivas piedras de Sísifo.

En el caso de la banca, la única manera de disipar esa amenaza, tan trágica y a la vez tan real, son las fusiones que estas semanas han comenzado a ponerse en marcha. De su éxito depende que los bancos, también la clase política y sobre todo los ciudadanos salgamos con bien de la actual crisis, sin sumar una nueva factura de Bruselas a la que ya cargamos sobre nuestras espaldas.

Por eso hay cuestiones, como el análisis de la competencia, que ahora deben contextualizarse y relativizarse al máximo. En 2008 había muchísimas más entidades financieras que ahora, pero entonces ni por un segundo esa sobreabundancia nos aportó más seguridad. Asimismo, cuando el actual proceso de concentración bancaria avance, el análisis de la competencia no debería circunscribirse al sector financiero, sino extenderse y cotejarse, por ejemplo, con el sector donde opera ese buscador que todos tecleamos en nuestro ordenador unas cuantas veces al cabo del día. Si no abriéramos el foco, y no analizásemos con amplitud de miras la realidad hacia la que nos dirigimos, sería muy probable que la piedra de Sísifo que la banca ha llevado a cuestas todos estos años sencillamente pasara a manos de las grandes tecnológicas. A lo peor en ese hipotético escenario la competencia no se volvía escueta, sino microscópica.

 

Escrito por Juan Carlos Burgos, Gerente de Comunicación Financiera en LLYC.